Un libre directo del francés le da el triunfo al Atlético en octavos de la Copa ante un Deportivo peleón
Al final de la primera parte Riazor estalló en una ovación. El empate a cero mantenía a su equipo después de transitar en el alambre. Y si algo quería el deportivismo era competir, mirar a la cara a un grande y, de alguna manera, evocar aquel tiempo en el que no solo lo hacía, sino que además vencía. El Deportivo trata de recorrer una ruta que le lleve a ese destino, pero hay procesos que no pueden adelantarse. Al Atlético le compitió con mucha dignidad, pero también con problemas. Y acabó por ceder ante un rival superior, que para eso están las categorías. El Atlético, semifinalista en las dos últimas ediciones de la Copa del Rey, ya está en cuartos de final de una competición que no gana desde 2013 y a la que le da, sin duda, categoría de objetivo.
Por eso al descanso la igualdad sin goles era un premio para un partido de color rojiblanco y dos balones a los palos de la meta local. Debió de marcar antes de lo que lo hizo el equipo de Simeone, vigoroso desde la puesta en acción, agresivo en una presión que con el paso de los minutos se le atragantó al Deportivo mientras el aliento rojiblanco no parecía tener fin. Apretó el Atlético, que pudo golpear poco antes del cuarto de hora después de que Ruggeri encontrase un latifundio en el área y enviase su remate a uno de los postes.






