Al final le tomamos cariño a este nuevo formato de Champions. Ya no hay que esperar a mayo para comprobar las dos grandes especialidades del fútbol: el misterio y la incertidumbre

El fútbol llega a lo más profundo del ser humano, a su inconsciencia y conciencia, a la razón y a la emoción. La epidemia de fútbol del miércoles pasado, con 18 partidos en donde cada gol provocaba un vuelco en la clasificación, nos puso ante situaciones delirantes. El Barça, único club español en clasificar entre los 8 primeros, terminó el partido festejando por todo lo alto el gol de un equipo de Mourinho. ¿Cómo pudo ocurrir? Fácil, pesa más el odio al Madrid, que a Mourinho. Otra paradoja se vivió en Lisboa: el Benfica festejó terminar vigésimo cuarto y el Madrid se fue con un regusto amargo por terminar noveno. Cuestión de expectativas.

Cuando se disipan estas emociones de mitad de temporada, quedan algunas evidencias rotundas. Por ejemplo, la clasificación de cinco equipos Premier entre los 8 primeros. Una hegemonía que empieza siendo económica y termina siendo deportiva. Aquí no hay misterio posible. En esta jornada de definición, cuatro de los cinco equipos españoles en competición perdieron su partido y dos de ellos lo pagaron con su eliminación. Un contraste demasiado brusco como para ignorarlo. La decadencia es una pendiente que no tiene fin si se la subestima.