El Madrid contra la expectativa, o el Madrid en misión compleja: satisfacerse a sí mismo a través del juego, y reconocerse después de entrenar unas pocas semanas con entrenador nuevo. Y aun así, el partido no estuvo a la altura de nada, tampoco del viejo Madrid (el de mayo). Fútbol lento, como cuando se reconocen familiares lejanos en una reunión navideña, desconexiones temporales y descoordinación en dos salidas: la del balón y la de la presión. Hubo una transición rápida que terminó en gol de Gonzalo, y luego vuelta a una modorra envenenada frente a un rival preparado para morder. Y mordió. Con Inzaghi capitaneando.
El Madrid, y esto fue lo peor, no tuvo nunca el control del partido de la manera clamorosa que obliga a un grande. Nunca desató sobre el área del Al-Hilal la amenaza real de una cascada de ocasiones que, siquiera por calidad, se exigía. Es difícil presentar un once con espíritu nuevo al final de la temporada en competición nueva, construirlo en marcha y hacer que deslumbre o, como poco, que funcione con eficacia. Hay varios problemas, no todos relacionados con el juego: también se juega con la esperanza, incluso de los jugadores. Querer ejecutar con las piernas y el balón el fútbol que la cabeza está digiriendo todavía. Y si el aficionado presumía en este primer partido un bolo veraniego en Miami, la primera parte mostró lo que mostraron partidos anteriores del Mundial: nadie ha ido a Estados Unidos de vacaciones.






