El equipo de Arbeloa cae a cuatro puntos del Barça tras su segunda derrota seguida en la Liga en un partido en el que exhibió un vacío de ideas con el que fue incapaz de superar el golazo del sólido grupo de Bordalás
Antes de ahora, al Real Madrid se le imaginaban, e incluso se le habían visto, finales más gallardos, al menos con cierto punto de rebeldía. No como el hundimiento manso ante un Getafe al que le bastaron seriedad y un golazo de Satriano para tumbar al equipo de Arbeloa que había empezado con Xabi su triste trayecto del curso. Pero esta vez el Madrid se desvaneció con una segunda derrota liguera seguida, a cuatro puntos ya del vigoroso Barça, mientras el Bernabéu se vaciaba, en una bajada general de brazos que dejó unos gritos finales de un pequeño sector de “Florentino, dimisión” por segunda vez en la temporada. La grada se ha rendido, desanimada por un equipo sin pulso ni ideas, apenas con el empeño de Vinicius. Entregan la Liga en la noche del primer lunes de marzo, tras ver volar la Copa en el primer cruce y la Supercopa de Arabia.
El partido, como muchos del Getafe, fue un ejercicio paciente y preciso de deconstrucción. Desde las tres faltas a Vinicius antes de que al grupo de animación le llegara el momento de cantar el “Illa, illa, illa, Juanito maravilla” en el minuto 7. Bordalás sabía a quién tenía que vigilar y acumuló alrededor del brasileño a Kiko Femenía, Juan Iglesias y Boselli. El técnico azulón había visto en el rival lo que cualquiera sabe ya a estas alturas: el Madrid se nubla cuando necesita salidas creativas en escenarios cerrados. El vacío de ideas es formidable. Ante ese panorama, recurre de manera insistente y desesperada a Vinicius, el único agitador de un equipo de futbolistas parados.








