Un Madrid-Barça es una cumbre futbolística y aunque están al comienzo de la temporada, el partido es siempre un examen final
En una sociedad polarizada que ha olvidado que en el medio está la virtud, un Madrid-Barça colma las peores expectativas. El fútbol es un espectáculo que necesita del bien y del mal, de modo que los debates, de un modo primario, pretenden discernir quién tiene la razón mor...
al. En ese combate los buenos, obviamente, son los nuestros.
Si el fútbol es un tribunal perpetuo y algo cutre en donde todos reclamamos justicia, es natural que hayamos integrado a los árbitros, actores secundarios que se instalaron en el centro del escenario. En el campo, en los medios, y en los bares. No hay manera de librarnos de ellos. El VAR contribuyo a convertirlos en personajes televisivos, pero pasaron de jueces a sospechosos. Se les exige una precisión quirúrgica en un juego imperfecto. Aunque en un bando juegue Mbappé y en el otro Lamine, después del Clásico las noticias abrirán con un penalti como una catedral para uno y un piscinazo para el otro. Como los periodistas conocen a sus clientes, en Barcelona los complacerán de una manera y en Madrid de la contraria. También los medios compiten por la viralidad. El fútbol ya se las arregla para darnos una ración diaria de furia, no necesita que lo empujen.








