Esta pastelera de Kazajistán, afincada en Barcelona, realiza esculturales tartas inspiradas en el arte japonés de la papiroflexia

Ninguna entrevista y solo referencias a sus perfiles de redes sociales. El mutismo de Meruyert Nursila (Kazajistán, 26 años) en Internet contrasta con los 634 mil seguidores que acumula su cuenta de Instagram, una comunidad fiel que comenta a diario cada una de sus creaciones pasteleras. La atracción está más que justificada: en un reel de apenas medio minuto donde es capaz de transformar una tarta de chocolate de dos pisos en una compleja maqueta tridimensional, ayudándose de escuadras, cartabones y herramientas mucho más sofisticadas que una manga pastelera o un rodillo como un aerógrafo, con el ...

que insufla el tinte a través de gas comprimido.

Una coreografía milimétrica y sin sobresaltos, ajena a los estruendos que provoca una batidora o el chafado de unas nueces, dirigida con pulso firme pero delicado convirtiendo un gesto decorativo en toda una obra de arte. El trabajo de Nursila se enmarca en el creciente fenómeno de los origami cakes, una técnica compleja de repostería que aplica el arte japonés de crear figuras plegando hojas de papel a una tarta. Por dentro, el postre luce de forma similar a cualquier otro relleno, pero de cara a la galería llega a adquirir formas asombrosas entre colores, volúmenes y perspectivas. Casi tan irreales que hacen pensar si en realidad se trata de un ejercicio fruto de la inteligencia artificial.