Los New England Patriots y los Seattle Seahawks, liderados por dos jóvenes ‘quarterbacks’, buscan, con la banda sonora de Bad Bunny, la consagración al final de una temporada atípica
La Super Bowl tiene, como casi todo en el deporte estadounidense, sus rituales extradeportivos: juntarse con amigos a ver la final de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), comer alitas de pollo y beber cerveza, comentar los anuncios por los que las marcas pagan auténticas millonadas, criticar la actuación musical del intermedio y apostar. Apostar mucho. ...
Se calcula que tanto como 1.500 millones de dólares, un récord que se batirá en torno al partido que se celebra este domingo en el estadio de los San Francisco 49ers. La novedad este año es también que la pregunta de si ganarán los Seattle Seahawks o los New England Patriots (equipo de Boston) no solo se formula en las casas de apuestas digitales (digamos) tradicionales, sino también en esas webs de predicción que viven una auténtica edad dorada en este país. Lo mismo elucubran sobre cuándo piensa el presidente, Donald Trump, atacar Irán, como acerca del resultado del evento deportivo más seguido del año en Estados Unidos, con una audiencia de unos 130 millones que no para de crecer en todo el mundo.
















