New England se impone bajo la nieve de Denver a los Broncos (7-10) y Seattle gana (31-27) un duelo ofensivo ante Los Angeles Rams para completar la cita del 8 de febrero en San Francisco
Los New England Patriots sobrevivieron este domingo a la nieve de Denver para tumbar a los Broncos por lo justo (7-10) y clasificarse para su décima Super Bowl en lo que va de siglo, un hito sin precedentes en el fútbol americano. Se las verán el 8 de febrero en San Francisco ante los Seattle Seahawks, que se deshicieron en casa de Los Angeles Rams en un maravilloso duelo ofensivo que dejó al mejor quarterback que quedaba en pie, el veterano Matthew Stafford, con la miel en los labios. Volverán a verse las caras como hicieran en 2015, con victoria para los de Massachusetts.
La temporada de los Broncos, el mejor balance de la AFC –14 victorias y 3 derrotas, como los Patriots– se truncó con la lesión de su quarterback titular, Bo Nix, por una fractura de tobillo mientras se arrodillaba para colocar el balón antes de que su pateador solventase la prórroga ante los Buffalo Bills. Su suplente, Jarret Stidham, no había dado un pase en un partido oficial en 749 días. Ningún quarterback había jugado una final de conferencia con tan pocas titularidades: cuatro, con solo una victoria. Un lastre que se quitó de un plumazo con un pase de 52 yardas a Marvin Mims frente al defensor estrella de los Patriots en el juego aéreo, Christian González. El aperitivo para el pase de touchdown para Sutton y un ilusionante 7-0.













