La palabra apareció en los medios españoles en 2009. Por una vez no se acudió a un anglicismo para designar algo nuevo
Se avecinan estímulos oficiales para favorecer la compra de coches eléctricos y el aumento de los puntos de recarga. El anuncio que el Gobierno hizo en diciembre ha reavivado en la prensa el vocablo “electrolineras”. En España suman 12.727 (frente a 12.685 gasolineras), pero uno ve cada día que los postes eléctricos pasan las horas en soledad mientras se acumulan los automóviles en los surtidores de combustible.
Influyen en eso el todavía reducido parque de coches eléctricos enchufables (el 0,8%) y unas incomodidades que jamás interpuso el sistema tradicional. No todos los postes funcionan; se precisa más tiempo para repostar (15 minutos en el mejor de los casos) y, sobre todo, nos topamos con unas barreras de entrada que echan para atrás: es imprescindible instalarse una aplicación (nos exigen tantas que pronto habrá que borrar otras), vincular la tarjeta de crédito, introducir los datos bancarios, detallar el DNI y el teléfono y facilitar el correo electrónico. Y, luego, usar siempre el celular para activar cada recarga. Pero si surge un problema en el repostaje, los empleados no sabrán cómo ayudarle; eso lo gestiona otra empresa, y no está allí. Encima, puede que todo este trajín solo sirva para una cadena de gasolineras, con lo cual hará falta bajarse una aplicación por cada grupo empresarial. Yo los he mandado a paseo. Mis datos (como los de usted) son muy valiosos y no se los regalo a desconocidos. Así que recargaré mi auto híbrido en el garaje cuando pueda.








