Los miembros de la CIAF y de la Guardia Civil se emplean en el análisis de las pruebas mientras diversos expertos apuntan posibles recomendaciones para evitar una nueva tragedia ferroviaria
Cinco funcionarios de distinto grado se reparten los trabajos centrales de la investigación técnica del siniestro de Adamuz (Córdoba). Están a las órdenes del secretario de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), Adolfo Vázquez Fernández, quien ya actuó como técnico de este organismo, por ejemplo, en el descarrilamiento del tren Celta en O Porriño (Pontevedra), que dejó cuatro fallecidos y 47 heridos el 9 de septiembre de 2016. El equipo es corto y precisa el respaldo de analistas y laboratorios externos.
Además de la recogida de pruebas en este punto ya negro de la línea Madrid-Sevilla, donde el domingo 18 un Alvia de Renfe chocó con un Iryo que había descarrilado, la CIAF está custodiando elementos fundamentales para las pesquisas, en coordinación con la Guardia Civil y el juzgado de Montoro (Córdoba), y está requiriendo documentación al gestor de la infraestructura Adif y a las operadoras. También ha identificado los posibles laboratorios en que pueden revisarse múltiples fragmentos de vía y la soldadura sospechosa de haber quebrado, entre un raíl de 1989 y otro nuevo de 2023. Todo lo que está en manos de la CIAF, incluida esa soldadura, se guarda en una sala custodiada: “La llave está en poder de una sola persona y cada vez que hay que entrar ahí tenemos que hacer un acta de revisión y firmar un protocolo”, explicó a EL PAÍS el presidente de la CIAF, Íñigo Barrón.






