El murciano apela al doble episodio del mallorquín, ante Verdasco y Ferderer, para hacer frente a Djokovic. Expresa que “odia rendirse” y que eso le “mata por dentro”

“Qué pasa, señores”. ¿Cómo estás, Carlos? “Pfff…”.

Dos horas y media después de la proeza, de haber conseguido sobreponerse al pinchazo físico y al alemán Alexander Zverev, alcanzando así su primera final en Australia, el gesto y la onomatopeya de Carlos Alcaraz en la sala de conferencias lo dicen todo. Sería absurdo ocultarlo. “Mañana me voy a levantar tieso, eso es evidente. No lo puedo esconder. Pero haremos todo lo que esté en nuestra mano”, transmite el número uno en el transcurso de una intervención que evoca a las de aquellos campeones que están hechos de otra pasta. Le duele tantísimo perder, dice, que no podría haberlo hecho de otra manera.

La enunciación parece extraída de su admirado Rocky Balboa. Se explica. “Odio rendirme. El no querer perder te empuja. Odio cómo me siento cuando lo hago. Cuando era más joven, hubo muchos partidos en los que me rendí o dejé de luchar, y con el tiempo maduré y aprendí a detestar esa sensación. Pensar ‘podría haber hecho más’ o ‘podría haber aguantado un poco más’ me mata por dentro. Por eso, cada esfuerzo extra, cada segundo más de sufrimiento y de lucha, siempre merece la pena. Por eso lucho hasta el último punto y siempre creo que puedo remontar cualquier situación”, contesta el finalista.