Era y es urgente paliar los pesares del usuario, que sí es corresponsabilidad de la Generalitat

Son 400.000 trabajadores, estudiantes, profesionales, autónomos. Son los que día a día, año tras año, sufren la crueldad creciente de Rodalies, las cercanías catalanas, pero solo de nombre. Sufren la desgracia azarosa. Y la sistemática acumulación de errores y fallos de los poderes públicos. Centrales (más) y autonómicos (algo menos); conservadores (muchos más), progresistas (algo menos). Pero hay taza para todos.

Puesta en censo, es mucha más gente que la que habita en la segunda ciudad catalana, L´Hospitalet de Llobregat, y tanta como está sumada a Santa Coloma. Dos veces y media que Badajoz. Y cinco que Toledo. En los tres últimos años han perdido 291 días de transporte, casi uno entero en desplazamientos fallidos. Para acudir al tajo, a la facultad, al médico, a esa tienda, al evento musical. O al entierro, al que llegaron ya cumplido.

Gente sobre todo trabajadora, hay menos afición al transporte público entre los con-posibles. Gente joven, que no llega en bici; y mayor-mayor, a la que le cuesta siempre llegar. Vulnerables a los cortocircuitos de la movilidad, disponen de menos alternativas.