El caldillo con el que se ponían las pilas en las sierras de Albacete y Jaén es un caso raro de uso del picante en la gastronomía tradicional española. Su efecto tonificante sigue siendo el mismo
“En los años cuarenta y cincuenta, el caldo valiente se hacía para los muleros, los gañanes, los pastores y todos los que estábamos alrededor”, contaba Moni, una maravillosa señora de Benatae (Jaén), mientras lo cocinaba en un vídeo de YouTube. “Si le pones dos guindillas, más picoso está. Al tomarlo te salen los colores de la gente serrana, ¡y te da una energía para trabajar!”.
Por desgracia, el vídeo ya no está en la plataforma –o al menos nosotros no lo hemos encontrado–, pero no se nos ocurre una descripción mejor del espíritu y los efectos de este caldillo típico de Albacete y las sierras jienenses. Este raro ejemplo de comida picante española se prepara normalmente para acompañar las migas de harina, y su poder estimulante sigue hoy tan vigente como en la posguerra. Nuestra receta sigue casi al dedillo la de Moni, con el único añadido de la cebolla para subir medio tono el sabor y el triturado final para darle cuerpo. Si no te vienes arriba tomándolo, estás muerto. Mira cómo se prepara en el vídeo de arriba.






