En versión vegetariana, con huevo o jamón, este plato rápido y tradicional reconforta con ingredientes asequibles y esfuerzo mínimo
Granada tiene muchas cosas buenas: los boquerones amoragaos, las judías morillas, el Albaicín, los piononos y la capacidad de inventar una sopa que calienta hasta las pestañas sin muchos ingredientes ni horas al fuego. La sopa granaína de escarola es de esas recetas humildes que se cocinan “con lo que hay”, dentro de un abanico de alimentos afinado por generaciones que ya hicieron muchos ensayos para que nosotros no pasemos por el error.
En su versión más sencilla lleva pan duro, almendras, ajo y escarola, a los que podemos añadir jamón, su hueso, caldo o huevos: hasta en el modo más completo entra prácticamente todo en la categoría de básicos de la despensa.
El truco para darle sabor y textura pasa de nuevo por el clásico “freír y majar”, que junto a “ajo y pimentón a cascoporro” ha sido una de las técnicas más usadas en este país para sacar lo mejor de cualquier alimento cuando no había tanto (y ambas siguen siendo perfectamente válidas). Si lo de cocinar la escarola te parece raro, piensa que en Italia cocinan de varias maneras otras asteráceas lisas o rizadas que se le parecen mucho.






