Estos accidentes ferroviarios tan seguidos aumentan la ansiedad de los viajeros y pueden crear una visión distorsionada de la realidad, aunque sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros
En la estación de Atocha en Madrid las maletas ruedan de un lado a otro como un día normal, pero en las pantallas titilan en rojo los viajes cancelados a Sevilla, Córdoba, Málaga… Quienes están en la estación de tren son, justamente, los pasajeros que han decidido viajar, a pesar de los accidentes ferroviarios ocurridos estos días. Pero...
muchos confiesan haber dudado. Es el caso de Natalia Medina, que viaja a Barcelona y comenta que le da “un poquillo de miedo”. Justo vive en Córdoba, al lado de Adamuz, y nació cerca de Gelida, donde hubo un segundo accidente mortal. “Nunca ha pasado nada y ahora pasa todo esto”, se sorprende.
La probabilidad, que suele servir para tranquilizar, estos días solo inquieta. Emanel Albertón dudó si subirse al tren hacia Madrid el lunes, porque tenía el pasaje la mañana siguiente a la tragedia, pero se sintió seguro. Dos días y dos accidentes después, ha vuelto a dudar. “Es como un accidente de avión, uno puede viajar tranquilo de que no habrá otro, pero ha habido otro, así que la regla se ha roto”, señala mientras espera su tren a Tarragona. El viaje de ida iba medio vacío, recuerda, aunque estaba lleno cuando compró los billetes, así que sospecha que esa mañana algunos pasajeros decidieron no viajar.









