Después de sufrir el ensañamiento del Bernabéu el sábado, el brasileño impulsa la contundente victoria del equipo de Arbeloa ante un débil rival con un gol y dos asistencias en una noche en la que lució Mastantuono y se desahogó Bellingham
Al final, el Bernabéu quería lo de siempre y resulta que lo de siempre también es lo que querían los futbolistas del Real Madrid, que trituró con seis goles a un Mónaco bastante inofensivo, perdido en su Liga, desguazado en Chamartín. Vinicius buscaba volver sentir que es capaz de volar y deshacer defensas. Y volvió a hacerlo. Con una grada más calmada y su insistencia clásica despachó un tanto y dos asistencias. También volvió a probar el gol Bellingham, que le dio pie a responder a los rumores sobre su vida nocturna haciendo como que bebía copiosamente al celebrar. Incluso Mastantuono se reencontró con la red en una victoria que deja al Madrid muy cerca de terminar la liguilla entre los ocho primeros, a falta de su visita al Benfica el miércoles que viene.
Todo resulta más sencillo con el viento a favor, y sin demasiada resistencia. Vira la corriente y arrastra con ella hasta los pitos, atronadores el sábado, espolvoreados esta vez por la grada al comienzo, otra vez apuntando a Vinicius. Pero el gol gobierna todo y apareció tan pronto que a los cinco minutos daba la impresión de que el Bernabéu contemplaba un mundo nuevo. Y en parte lo era. El Madrid se lanzó a un comienzo de alta energía que asustó al Mónaco. Se activó Mbappé en la persecución de los defensas de su viejo club y a su estela toda la manada, lanzada en ataque por Mastantuono.







