A este nuevo Real Madrid de la intensidad y las distancias le faltaba todavía la magia de Vinicius, un tanto alicaído en el arranque del Mundial de Clubes. Y contra el Salzburgo volvió a comparecer. Primero con un regate deslumbrante a la carrera que cerró con un gol y después con una asistencia de tacón a Valverde. El brasileño volvió a marcar con el Madrid dos meses después de la última vez, contra el Arsenal en aquella noche triste de la eliminación de la Champions en el Bernabéu. Puso el fogonazo de genio a una función que el equipo gobernaba a través de la ortodoxia de la estructura y de la velocidad de la pelota. Por ahí empezó la victoria contra un Salzburgo que tardó muchos minutos en encontrarse, y que conduce al Madrid a enfrentarse en los octavos de final contra la Juventus en Miami el próximo 1 de julio (21.00, Dazn y Telecinco).

Al tercer partido apareció Vinicius, y aparecieron los tres centrales, y eso que uno, Tchouameni, en realidad no lo es, ni le gusta demasiado. Pero allí estaba, entre Huijsen y Rüdiger, titular después de los primeros minutos de prueba del otro día contra Pachuca. Los carriles los ocuparon Trent y Fran García, y en el centro operaron Valverde como pivote, Bellingham a su derecha y Arda a su izquierda. En la delantera salieron Vinicius y Gonzalo, y Rodrygo volvió a empezar en el banquillo por segundo partido consecutivo, aunque esta vez apareció al final. Con el nuevo dibujo, plan fetiche de Xabi en el Bayer Leverkusen, el Madrid monopolizó la pelota, que cada vez le fluye más rápido. El Salzburgo cabeceaba de lado a lado mientras el Real exploraba los caminos de fuera, de Trent a Fran, y luego variaba al pasillo del medio, donde tejían Valverde, Arda y Bellingham en espacios apretadísimos.