El equipo de Xabi Alonso despacha a un endeble rival con un partido muy sólido impulsado por la amenaza constante de Vinicius, que falló un penalti, y los tantos de Mbappé, Bellingham y Carreras
De las brasas internas que dejó el clásico, emergió un partido en línea recta en el que el Real Madrid ahogó y arrolló a un Valencia muy débil que pena hacia el final de la tabla. Después del enfado, Vinicius volvió a lo suyo, la amenaza constante, Mbappé siguó implacable con su colección de goles la noche que enseñó su Bota de Oro al Bernabéu y tampoco Bellingham perdió el hilo anotador. Este episodio de la crisis Xabi-Vinicius se cerró con una goleada pacificadora desde la que mirar al compromiso de Champions del martes en Anfield contra el Liverpool.
Quedan muy pocos parecidos entre el partido que el Valencia ganó hace un año en el Bernabéu y este en el que se vio arrasado por el Madrid, líder tirano. El más evidente en realidad es anecdótico: Vinicius volvió a fallar un penalti mal tirado que le cedió Mbappé. Pero entonces el marcador era 0-0 y ahora ya iban 2-0 y cuesta abajo rumbo a una goleada que se intuía como el 6-0 que les endosó el Barça hace mes y medio. Salvo el penalti, todo lo demás era distinto al año pasado. El Valencia parece haber perdido pie, más endeble que nunca, atascado en la zona de descenso sin demasiado latido. El Madrid ha superado sus trazas crepusculares del curso anterior para dejar asomar una maquinaria organizada y voraz.






