No responderá a los cánones de la gastronomía japonesa, pero es simplísimo prepararlo y te resuelve una comida o cena cuando no tienes ganas o tiempo para cocinar
Ya aprendimos a hacer un plato de ramen como está mandao en este vídeo –y en este otro una deliciosa versión sin carne–, una tarea laboriosa sin duda, pero os advertimos desde ya mismo que la receta que nos ocupa es una simplificación/mixtificación/reinterpretación del original: puristas de la gastronomía nipona, podéis ir sacando las teas y las horcas para ir a por nosotros en turba.
Cuentan que esta sustanciosa sopa de fideos fue introducida en el Japón por inmigrantes chinos en el siglo XIX, aunque habría que esperar a la posguerra de la Segunda Guerra Mundial para que el ramen se popularizase poco a poco en todo el país. Cada región le ha aportado sus ingredientes locales, dando lugar a multitud de variantes.
El ramen canónico consta de cuatro componentes básicos: el caldo, los fideos, la salsa base y las guarniciones. El caldo puede ser de varios tipos, pero todos precisan de horas e incluso días para extraer todos los sabores de sus componentes. Los fideos de ramen son de trigo y tienen diferentes grosores y texturas según el tipo de sopa. La salsa base concentrada se pone en el fondo del cuenco antes de verter el caldo y define el tipo de ramen. Las guarniciones van del cerdo asado, a los brotes de bambú fermentados, pasando por los huevos marinados, las algas y la cebolleta, entre otros.






