La hortaliza se viene arriba con la mezcla francesa de huevo, mostaza, pepinillos, alcaparras y hierbas. ¿Será este uno de los platos de tu mesa de Navidad?

El capítulo de odiar la coliflor ya lo hemos pasado hace rato, es bien sabido en esta casa que cuando se cocina el tiempo justo y de la manera adecuada se convierte en un vegetal suave, dulce y listo para aceptar lo que quieras ponerle encima. Aquí es donde entra la gribiche, una salsa de origen francés que se elabora con yemas, pepinillos, alcaparras, claras cocidas, mostaza, aceite, vinagre y algunas hierbas. Tiene la cremosidad de una mayonesa y la capacidad de hacer con cualquier verdura un plato de diez. Conviene tenerla a mano para primeros y guarniciones en estas Navidades.

La salsa gribiche se puede preparar solo con yemas cocidas o añadiendo también crudas. Ya que no cambia demasiado el resultado, en esta receta preferimos recurrir a la primera opción para evitar riesgos de intoxicación alimentaria –y para no tener una clara cruda perdida en la nevera, también–. La clave del éxito de la salsa está en incorporar el aceite muy poco a poco mientras se bate enérgicamente para que emulsione. Si aún haciendo esto, la salsa se corta, no entres en pánico: en un bol vuelve a emulsionar una yema cocida aplastada con una cucharada de mostaza y otra de vinagre y añade la salsa cortada muy poco a poco sin dejar de batir con ganas.