Fácil, festiva y fresca: esta receta combina coles, frutas y queso, y aligera los banquetes navideños más pesados. Sirve como entrante o como acompañamiento
“Ensalada” es una idea que probablemente no aparezca demasiado en tu cabeza en invierno. No hace calor y el cuerpo no pide muchos frescores, por lo que solo recurrimos a ella en los días de arrepentimiento posteriores a los excesos vacaburrísticos navideños. Sin embargo, tampoco hay demasiados motivos reales para desdeñarlas: gracias a un invento llamado calefacción tampoco es que estemos a cinco grados dentro de casa, y en esta época tenemos unas cuantas verduras en temporada que se prestan a ser consumidas en crudo.
La ensalada puede, además, cumplir una función desengrasante en las comilonas de Navidad. No es que te vaya a adelgazar por arte de magia (ni falta que hace), pero sí puede ofrecer un contraste jugoso y crujiente muy placentero que equilibre otros platos más contundentes, como los corderazos, las carnes asadas y otras bombas habituales en las fiestas.
Además de frescura, las ensaladas añaden colorido a las mesas navideñas, siempre y cuando busquemos combinaciones de elementos que además de estar buenas queden chulas. En esta receta tienes el crujiente de la col lombarda, de la china (sustituible por cualquier otra col) y de la zanahoria, el dulzor ligeramente ácido de la manzana, el jugo de la granada y la untuosidad del queso, cada uno con un colorín diferente. ¿Y el aliño? A este tipo de ingredientes le va bien uno cremoso, pero tampoco demasiado: se trata de que la ensalada conserve cierta ligereza, no de hacer una coleslaw al uso.






