Con verduras y frutas de temporada, un aliño que aporte cremosidad y un poco de creatividad, puedes hacer que las ensaladas también sean un plato de invierno

Una ensalada puede ser un plato reconfortante (e invernal) y voy a contarte cómo. Primero, vamos a partir de verduras de la huerta de invierno. Hinojo, por ejemplo, combinado con cítricos, con queso o con salmón. Si nunca has hecho una ensalada con coles, es tu momento. Córtalas en juliana muy fina y alíñalas con una vinagreta con base de tahini, de cítricos o de crema de cacahuete. Combinan muy bien con naranja o pomelo; con pollo o caballa en escabeche; con bases cremosas de legumbre y con frutos secos. Calabaza y remolacha. Calabaza y berza. Calabaza y zanahoria. Como ves, hay mundo más allá de la lechuga y el tomate.

Otra cosa que hace que tus ensaladas sean dignas es algo de fruta, ya sea cocinada –que además le da un contraste de temperatura, funciona muy bien– o deshidratada. Me gusta mucho añadir manzana o pera pasada por la sartén un poco, a fuego fuerte, con mantequilla y unas especias; cualquier mix de pasas-orejones-dátiles-higos en combinación con unos frutos secos tostados; o frutos rojos –que suelo tener congelados– al horno con vinagre de Jerez.