La producción de harina de este insecto, que alcanza un 70% de proteína, está autorizada por la UE desde 2022, pero afronta barreras culturales y dudas sanitarias

En una nave discreta del municipio de Seva (Barcelona), que fácilmente podría confundirse con un aparcamiento, se produce un ingrediente poco habitual en Cataluña: harina alimentaria de grillo. A una temperatura constante de de 28 grados, cerca de 20 millones de grillos crecen en cajas clasificadas por edad (es decir, por días) antes de pasar por congelación, secado y molienda. El resultado es un polvo con más del 70% de proteína,

-comiendo-insectos-en-espana.html" data-link-track-dtm="">un producto base elaborado a partir de los populares insectos de canto agudo.

La producción de esta clase de harina avanza en el norte de Europa como fuente proteica, pero aquí sigue siendo una gran desconocida y la mexicana Juliana Villasante, especialista en desarrollo de alimentos, se ha propuesto darle impulso desde el centro de Cataluña. Ella misma conoce bien las propiedades de este tipo de consumo, ya que en su país los chapulines forman parte de la dieta cotidiana, desde puestos callejeros hasta restaurantes de alta cocina. En los últimos dos años, Villasante batalla para introducir en España un ingrediente común en otros países, pese a la resistencia cultural que todavía encuentran.