Otro error tremendo en la estrategia el equipo británico facilita el séptimo triunfo del holandés y alarga la agonía de Norris, cuarto
Al margen de cómo termine este Mundial de Fórmula 1, McLaren hará historia en cualquier caso. Si lo gana, porque volverá a cantar el alirón 17 años después de la última vez. Y si lo pierde, porque podrá atribuirse el mérito de haber reanimado a Red Bull y a Max Verstappen, su único rival en un pulso desigual, técnicamente a favor de Lando Norris y Oscar Piastri, incrédulos los dos al darse cuenta de que tienen el enemigo en casa. En Qatar, penúltima parada del calendario, Norris disponía de su primera bola de partido para darle carpetazo al asunto. Sin embargo, a sus estrategas les entró uno de esos ataques de entrenador, una especie de delirio que sepultó toda la opulencia demostrada en pista por el MCL39. Verstappen ganó por séptima vez para dar un poco más de vida a sus opciones, en la misma proporción que McLaren se va quedando sin aire. Piastri terminó el segundo y salvó los muebles, algo que no pudo hacer Norris, finalmente cuarto. El corredor de Somerset se vio incapaz de superar a Carlos Sainz, que firmó su segundo podio enfundado en el mono de Williams en una de las mejores carreras que se le recuerdan al español; y estará obligado a subir al podio en Abu Dabi si quiere coronarse sin depender de lo que hagan otros. Fernando Alonso, por su parte, concluyó el séptimo.
















