El sexto triunfo del británico le coloca líder del Mundial en otra remontada bestial del holandés, que termina el tercero

McLaren lleva varias carreras tratando de explicar lo inexplicable: cómo Max Verstappen se ha reenganchado a la pelea por un título que hace solo un par de meses parecía quimérico para el holandés, incapaz de contrarrestar la superioridad del MCL39 de Oscar Piastri y Lando Norris. En cuatro carreras y un mes y medio, de Monza (7 de septiembre) a Austin (19 de octubre), el campeón les limpió 60 puntos al australiano y al británico, más centrados en el fuego cruzado que en la frenética recuperación de su rival. Red Bull va al ataque con todo, subido el búfalo rojo a la versión más implacable de ‘Mad Max’.

Este Mundial arrancó condicionado de serie por el próximo. Más que por el curso 2026 en sí, por el tsunami que generará la aplicación del nuevo reglamento técnico que forzará a los equipos a darles la vuelta a los monoplazas. Uno de los momentos más relevantes en cualquier ejercicio llega cuando las escuderías deben derivar parte de sus esfuerzos y recursos en el que será el prototipo del año siguiente. Un punto clave que todavía lo es más en la coyuntura actual, ante una normativa por estrenar en el horizonte. Ese argumento es la base de McLaren para tratar de justificar el recorte de Verstappen, que ha ido recibiendo mejoras en su bólido, mientras la evolución de los de sus oponentes se estancaba. Especialmente eficiente fue el fondo plano introducido en Monza y optimizado este fin de semana, en México.