El tercer largometraje de Julia Ducournau bucea en los estragos físicos y familiares de la epidemia a través de una adolescente y de su tío adicto

El cuerpo y la carne son el laboratorio del cine de la francesa Julia Ducournau. En su ópera prima, Crudo, se trataba de una niña caníbal criada por vegetarianos que descubre su apetito de ...

vísceras humanas con su despertar sexual. En su segundo largometraje, el ganador de la Palma de Oro Titane, la carne y el metal se fundían, en una comunión arrebatada, bajo el cuerpo mutante de una asesina en serie. Y en la tercera, que se estrena ahora bajo la losa de aquel éxito, Ducournau reimagina la epidemia del sida también a través de otro personaje femenino y de cuerpos en mutación, fantasmas de piedra y polvo alrededor de un desolado recuerdo.

Aunque suene bien, no le acaba de funcionar la metáfora a Ducournau, que se pierde en un drama adolescente y familiar con sobredosis de heroína de fondo. Alpha es el nombre de la protagonista, una inadaptada de 13 años que vive sola con su madre médica hasta que de forma un tanto misteriosa se instala con ellas su tío, el hermano heroinómano de su madre. El estigma de la aguja persigue a la adolescente, que se mueve por la vida como una especie de sombra de la enfermedad de su tío.