Los meses fríos pueden hacernos pensar en comidas pesadas, pero hay trucos que nos pueden ayudar a cocinar platos reconfortantes que también sean saludables
Ocurre cada año y la relación es inversamente proporcional: cuando bajan las temperaturas, las ganas de comer platos contundentes y reconfortantes aumentan. Piénsalo, ¿qué viene a tu mente cuando tienes hambre en invierno? Es muy probable que aparezcan guisos, estofados, pasta, embutidos, carnes, nata, mantequilla, salsas cremosas o dulces golosos entre otras cosas.
Es lógico, en la grasa y en los hidratos buscamos el sabor y el confort, pero a estas alturas ya sabemos que no podemos sostener una alimentación saludable en estos pilares. Por suerte para todos, existen unos cuantos trucos para cocinar más ligero e igualmente sabroso sin necesidad de caer en la pesadez invernal.
No las relegues siempre al papel de acompañamiento. En untables, salteados, asados, cremas o sopas, ensaladas o guisos, las verduras pueden ser perfectamente un principal –recuerda que el plato ideal debería tener un 50% de frutas y verduras, un 25% de cereales preferentemente integrales y el 25% restante de proteínas saludables–. Para que puedan cumplir con su rol protagónico deben estar preparadas con cabeza y cariño, es decir, eligiendo las que están de temporada ya que son más sabrosas y económicas –calabazas, boniato, coles, puerro, zanahoria, hojas verdes, coliflor, brócoli, remolacha, rabanitos, nabo, chirivía–, combinando bien los sabores, colores y texturas, y aplicando correctamente el método de cocción. Aquí te dejamos guías para saltearlas, asarlas, hacerlas al vapor o en la freidora de aire. Si usas verduras congeladas, no se acaba el mundo: son igual de saludables y te resuelven la cena en cinco minutos.






