A 30 grados desde primera hora, la ciudad de Belém celebra una reunión de líderes el jueves y viernes y, a partir del lunes, las negociaciones de la cumbre que debe fijar la puesta en marcha de nuevos compromisos
La agenda ambiental ganó peso en el poder blando de Brasil, en la proyección internacional del mayor país amazónico, a medida que su selección de fútbol perdía brillo. Por eso, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones, en 2022, su primer viaje fue a la cumbre del clima de la ONU en Egipto para
get="_self" rel="" title="https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2022-11-16/brasil-regresa-a-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-de-la-mano-de-lula-da-silva.html" data-link-track-dtm="">proclamar que Brasil volvía la primera línea de la batalla por el medio ambiente. Se empeñó en acoger una cumbre climática y hacerlo por primera vez en la Amazonia, pese a la pesadilla logística que supone. El día ha llegado. Desde este jueves y durante dos semanas largas, la ciudad de Belém, en la cuenca del río Amazonas, será la sede del debate mundial para combatir el calentamiento global.
Arranca este jueves y viernes con una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno —con buena parte del Sur Global, europeos como Emmanuel Macron, Keir Starmer o Pedro Sánchez… pero sin Xi Jinping y con el boicot de Donald Trump—. Y el lunes comenzará la negociación propiamente dicha, con unos 170 países acreditados, sobre qué pasos dar, a qué ritmo y cómo pagarlos para cumplir los Acuerdos de París.














