Con olivada, mango, garbanzos o piparras: la fórmula receta mexicana clásica está buenísima, pero también admite variaciones que evitan caer en el aburrimiento
Noviembre no es solo el mes de la vuelta del fresquito, de las hojas caídas o el momento culmen de la deliciosa temporada de setas silvestres: es también el mejor momento para preparar guacamole, una receta eterna y que siempre apetece; ideal para entrantes, cenas ligeras, desayunos y picoteos con amigos.
El aguacate nacional –cuya principal provincia productora es Málaga, seguida de Granada y en menor medida, de Cádiz– está de temporada desde mediados de septiembre hasta mayo. 24.000 hectáreas se destinan a su cultivo en España: 19.000 en Andalucía, 4.000 en la Comunidad Valenciana y 1.500 en Canarias. La producción anual ronda las 100.000 toneladas. Un truco muy sencillo para saber si la fruta tropical está en perfecto estado es que puedas apreciar un color amarillo o verde intenso por debajo del botón. Otras señales de que un aguacate está en su punto perfecto son la piel uniforme y la consistencia tierna al apretarlo.
Sin duda, el plato estrella para aprovechar la textura suave y cremosa y el sabor fresco, herbáceo, terroso y sutil del aguacate; y sus matices dulces y aterciopelados de avellana, mantequilla o nuez, es el guacamole. Como sucede con la tortilla de patata, el hummus o la tarta de queso, cada maestrillo tiene su librillo, e incluso con los mismos ingredientes y pautas, el de cada persona sabe único.






