La última propuesta para cerrar la reforma de la Ley del clima prevé una cláusula de revisión total del objetivo de 90% de reducción de emisiones

Salvar la cara y llegar a la próxima cumbre del clima de Belém (Brasil), la COP30, en noviembre con los deberes hechos puede obligar a Europa a socavar aún más sus ambiciones climáticas. Las presiones de varios Estados, entre ellos Francia e Italia,

iones-para-2040.html#?rel=mas" data-link-track-dtm="">para rebajar todavía más la forma de cumplir con las nuevas obligaciones —ahora reclaman, entre otros, una cláusula de revisión total del objetivo de 2040 que países como España ven con suspicacia— están retrasando la formulación del texto final de la Ley Europea del Clima que debe hacer legalmente vinculante la reducción de las emisiones de efecto invernadero en un 90% para 2040 en relación con los niveles de 1990.

En la última cumbre de la UE, los jefes de Estado y de Gobierno dieron su visto bueno la semana pasada para que sus ministros de Medio Ambiente aprueben el martes que viene por fin la Ley Europea del Clima y, también, el denominado NDC, el plan fijando los objetivos climáticos hasta 2035 que la UE debería haber presentado en febrero a la ONU, pero que como muy tarde tiene que estar listo en Belém. El acuerdo político de la semana pasada debería haber allanado el terreno para la aprobación, el martes próximo en una cumbre medioambiental extraordinaria convocada precisamente con este objetivo, de una propuesta que lleva esperando su visto bueno desde julio y que cada vez más voces alertan de que no puede esperar más. Pero aunque nadie quiere hablar de un fracaso de las negociaciones, diversas fuentes admiten que estas están siendo muy duras y aún no se ha podido cerrar siquiera un texto final.