Los privilegios del hermano del rey Carlos para disfrutar de una residencia de 30 habitaciones y 40.000 metros cuadrados acaloran el debate político en torno a su figura

De un modo discreto, con la voluntad de filtrarlo después convenientemente a los medios, la casa real británica llevó a cabo esta semana una primera maniobra simbólica para expulsar al príncipe Andrés del complejo del castillo de Windsor, donde reside. El estandarte del duque de York como miembro de la Orden de la Jarretera, que ondeaba junto a otros en la capilla de San Jorge -donde reposan los restos de Isabel II- fue retirado.

Era un paso más, pero en absoluto el definitivo, para intentar solucionar un problema que no deja de atosigar a Carlos III de Inglaterra. Varios medios de comunicación británicos señalan ahora que el entorno del rey y el príncipe han entrado en conversaciones para que Andrés se vaya definitivamente de la mansión que ocupa, por la que no paga renta.

Aunque el hermano del monarca reside bajo las condiciones de un contrato legal, y en el caso de desalojar la vivienda tendría derecho a recibir una indemnización de más de 600.000 euros, el escándalo político creado tras conocerse su situación de privilegio está ejerciendo presión en el príncipe, que podría dar de nuevo su brazo a torcer y buscarse otra residencia.