La vecina de un barrio céntrico de Madrid tiene un contrato de renta antigua que no pudo firmar su madre por ser mujer. Lo hizo su padre hace casi 70 años, que murió antes, por lo que el alquiler se subrogó a su mujer. La ley actual no permite que se subrogue dos veces, a lo que se agarra un fondo para desahuciarla
Las calles del barrio madrileño de Ibiza están empapeladas esta semana con carteles naranjas y blancos en los que se lee: “Maricarmen se queda. 70 años en el barrio”. Por ahora, ahí sigue, aunque puede que le quede poco. Porque, en efecto, en el número 46 de la calle Sainz de Baranda ha vivido toda su vida María del Carmen Abascal, de 87 años. Su edificio es una buena muestra de los nuevos tiempos que corren: el ascensor conserva por dentro la madera original, pero su exterior es ya de frío metal. En la sexta planta, en un piso de 60 metros, Maricarmen, como la llaman desde siempre los vecinos, nació, vio morir a sus padres y a su hermano y ahora espera poder hacerlo ella también cuando le llegue el momento. Pero es posible que no pueda: un fondo de inversión aspira a romper su contrato de renta antigua para quedarse con el inmueble.
Para entender el conflicto hay que remontarse a casi 70 años. Su padre firmó en 1956 el contrato de arrendamiento que aún la mantiene en esa casa. A la muerte de este, pocos años después, su esposa, que no pudo firmar el primer contrato por ser mujer, se subrogó a lo pactado por su difunto esposo, lo que le permitió seguir viviendo en el domicilio junto a su hija hasta su fallecimiento en 2005. Finalmente, Maricarmen heredó el contrato de ambos subrogándose a las mismas condiciones: una renta que se actualizaba cada año basándose en el IPC, más otros gastos como el IBI. Así ha vivido durante casi 20 años.






