Ligada a la cocina tradicional y con un habitual papel secundario, gana peso en los restaurantes gracias a su sabor, textura, versatilidad y presencia durante todo el año

Pariente de la cebolla, la cebolleta, el cebollino y el ajo, el puerro nunca tuvo el renombre de sus allegados. Ha ejercido históricamente de patito feo de la familia. Con un papel secundario, ha servido como complemento en platos donde queda a la sombra de productos que brillan, como le ocurre en el tradicional puchero andaluz. Y para las nuevas generaciones, más que un alimento, es un meme: el de No puerro más. Sin embargo, su carácter polif...

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acético lo empieza a convertir en una hortaliza principal de la hostelería profesional.

Aporta sabor dulzón, textura y ofrece una gran versatilidad que va más allá de su uso para la porrusalda vasca y la vichyssoise francesa. Disponible todo el año, su tronco blanco se cocina al horno, a baja temperatura, a las brasas, confitado, frito. Y sus hojas verdes se pueden convertir en crujientes para acompañar distintos platos. También cabe en sopas, tarta de queso o tortillas. “Es tan especial que hoy casi todos los grandes restaurantes tienen un plato con puerro”, confirma el chef alicantino Diego René, apasionado de esta verdura. “Eso sí, cada vez está más caro”, advierte. Hoy el kilo alcanza entre cinco y seis euros en un buen número de supermercados, la mitad en muchos mercados de abastos.