La combinación de sabores y una elaboración sencillísima hacen que este plato se convierta en un aperitivo de referencia

Llevamos ya cierto tiempo viendo cómo se maltrata el queso feta asándolo en el horno mezclándolo con cualquier cosa, al pobre. Pero entre tanto despropósito surge algún acierto, aunque solo sea por casualidad, y esta combinación del feta con el dulzor de la fruta de temporada es un caso representativo. Que en este país sabemos algo de acompañar quesos rotundos con sabores dulces.

Este plato es sencillo y relativamente rápido: pones en una fuente de horno un bloque de queso feta, lo rodeas de ciruelas u otra fruta jugosa, como los higos, los albaricoques, los melocotones, capaz de endulzar el conjunto, lo aderezas con algo de aceite de oliva y, si quieres, un chorrito de miel, y lo asas a una temperatura alegre. Las dulcísimas ciruelas exudan sus juguillos y el conjunto, una vez ablandado el queso, te lo pones sobre buen pan. Excelente.

Dificultad: Ninguna

Calentar el horno a 200 °C. Cortar las frutas a la mitad y deshuesarlas. Dejar en mitades o cortar en cuartos según tamaño.