Lo dulce y tierno se encuentra con lo salado y crujiente en este plato que se prepara rapidísimo y con tan solo cuatro ingredientes

Hay combinaciones que no necesitan presentación: pan y tomate, queso y miel, guisantes y panceta. Si lo piensas, es pura lógica: lo dulce y tierno de los guisantes –que en esta época del año pueden ser descongelados, también hay diferentes calidades–, se entiende a la perfección con el salado y crujiente del cerdo curado. Lo demás; la pasta, el aceite, el toque de ajo, es solo el escenario donde se da el encuentro.

Esta receta es el comodín que te salva una cena sin planificación: pocos ingredientes, un sofrito rápido y un resultado que parece más currado de lo que es. Si quieres tunearla, puedes hacerlo sin miedo: cambia la panceta por jamón serrano o por tofu ahumado si no comes carne, añade un chorrito de vino blanco antes de echar los guisantes, o termina con un poco de menta picada y queso rallado para darle más capas de sabor.

Dificultad: Tan fácil que podrías hacerla con una mano

Poner una sartén amplia al fuego y dejar que la panceta se dore lentamente, hasta que esté crujiente y haya soltado su grasa.