En cinco minutos y con muy pocos ingredientes puedes tener una salsa suave y cremosa, con un punto dulce y lácteo
Hay pocas cosas más prácticas que un pesto: no requiere fuego, se prepara en cinco minutos y se conserva unos días en la nevera, listo para resolver una comida en lo que hierve la pasta. Pero además, un pesto: se puede untar en tostadas, mezclar con unas patatas cocidas, usar como base para una tarta salada o añadir una cucharada al relleno de unas verduras al horno. Lo importante es entenderlo como lo que es: una salsa cruda, untuosa y muy versátil, que puede adaptarse a casi cualquier ingrediente.
El clásico es el pesto genovés, con albahaca, piñones, ajo, parmesano y parmigiano. Pero en toda Italia hay variaciones según la temporada y lo que haya a mano: de rúcula, de tomates secos, de pistacho, de espinacas, de hierbas silvestres… Este de nueces y ricotta es especialmente suave y cremoso, con un punto dulce y lácteo que combina igual de bien con una pasta larga (espaguetis, tagliatelle) que con una corta (penne, rigatoni). Si lo pruebas sobre una rebanada de pan caliente o para acompañar unas verduras asadas, entenderás por qué merece tenerlo siempre a mano.
Tiempo: 5 minutos






