Solo tiene ventajas: aprovecha una fruta de temporada, es jugoso, recuerda a una tarta de queso ligera y da tanto gusto como uno clásico

Hay bizcochos que son de toda la vida y bizcochos que parecen un descubrimiento. Este juega en los dos bandos: tiene la ternura y la humedad de las tartas de manzana de casa de la abuela, pero con un toque inesperado gracias al queso fresco. El resultado es un pastel jugoso, con un punto lácteo que recuerda vagamente a una tarta de queso ligera, y al mismo tiempo reconfortante como el clásico bizcocho de desayuno.

Es muy fácil, se hace con ingredientes que casi siempre tenemos a mano, perfecto para usar las manzanas locales que están en su momento óptimo y tiene la ventaja de que aguanta bien un par de días sin resecarse. Incluso puedes congelarlo en rebanadas y tener cada día un poquito de felicidad. Ideal para desayunos y meriendas.

Tiempo: 60 minutos

Dificultad: Enchufar las varillas, nada más