Si pensamos en una ensalada mediterránea automáticamente nos vemos encerrados en la suma tomate+atún+aceitunas y un aderezo donde no falte el orégano. El feta también lo tenemos integrado; pero Chipre nos regala algo menos conocido en nuestros supermercados: el queso halloumi. Es perfecto por su salinidad, color dorado una vez pasado por la plancha y su textura. También absorbe muy bien el aliño y lo mantiene presente. Es contundente, puede sustituir perfectamente cualquier otra proteína animal y su manipulación se basa literalmente en trocearlo y pasarlo por una sartén. ¿Qué más podemos pedir?
Otra virtud de esta receta es cómo de bien aguanta el paso del tiempo sin venirse abajo. La vinagreta es la guinda del pastel y muy importante para alejarla de ser una macedonia: con la cayena, la soja y el limón se equilibra todo. Si en lugar de nectarina tienes a mano cualquier otra fruta de hueso, como melocotón de viña o agua, paraguayas, ciruelas o los ultimísimos albaricoques del año, puedes intercambiarlos sin problema (o poner más de uno).
Dificultad: Encontrar halloumi
Cortar el queso halloumi en dados grandes y hacerlo a la plancha con dos cucharadas de aceite hasta que están dorados.






