Su biografía de Instagram asegura que podría sobrevivir a un invierno nuclear por la cantidad de conservas que atesora, pero además de la labor social que realiza contando cuáles merece la pena guardar en un búnker por si llega el apocalipsis —y, mientras tanto, cuáles son perfectas para el aperitivo del domingo—, Carlos Álvaro, alias “El Catalatas”, se ha hecho un nombre en las redes sociales dando su opinión sobre productos enlatados de todo tipo. Su afición le ha llevado a coleccionarlos y a aprender, entre otras cosas, el valor gastronómico que puede tener una almeja caducada.
Madrileño de nacimiento, Carlos Álvaro creció en Mallorca y, durante años, se dedicó al sector del turismo trabajando en la empresa familiar, que cerró en 2012. Fue entonces cuando dio un giro a su vida y decidió hacerse actor. Se mudó a Madrid y trabajó haciendo doblaje, teatro, publicidad y televisión. Ya de vuelta en la isla, con la llegada de la covid, perdió el empleo y volvió a cambiar de rumbo: ahora es director comercial de una compañía que nada tiene que ver con el turismo y combina su trabajo de oficina con la prescripción de conservas en Instagram, donde actualmente acumula 248.000 seguidores.
Pero la génesis de El Catalatas no está en las latas, sino en el whisky. “Soy un ávido coleccionista de esta bebida y mi idea era hacer esto que hago ahora, pero en YouTube y con botellas de whisky. Estuve a punto de empezar, pero no lo hice. Y en 2015 leí un artículo de José Carlos Capel en EL PAÍS en el que decía que las sardinas en lata mejoran con el tiempo como el vino en la botella. Me pareció una movida tan decadente, que dije ‘esto es lo mío’. Ese mismo día, me fui a El Corte Inglés de Méndez Álvaro a comprar un cangilón de latas”.






