Es un hecho: están de moda los colmados, abacerías, ultramarinos o conserveras. Porque tiene nombres mil, pero un común denominador: la lata. Han dejado de ser pequeños almacenes de alimentación que despachaban embutidos, conservas o víveres en general para convertirse en lugares de moda donde comer de raciones servidas directamente de un envase. Ahora lo práctico se da un abrazo con lo gourmet.

Ha llovido desde que un francés llamado Nicolas Appert, en el siglo XVIII, idease un sistema de conservación al vacío. Aunque no fue hasta el XIX cuando apareció el abrelatas, lo que obligaba a los soldados a abrir sus latas con bayonetas. Sin tener que irnos tan atrás, yo misma, mientras escribía estas líneas, tuve que abrir un envase casi a base de amenazas; y es que el abrefácil, a veces, no cumple su promesa, pero sigue siendo parte de su encanto.

Las latas ya no solo son esas comidas encontradas sin abrir en búnkeres de la Segunda Guerra Mundial ni lo que te recomiendan guardar en una habitación del pánico por si las cosas se ponen feas. Tampoco son esos recipientes que acumulan tus padres en la despensa, por si acaso (que también). Son todo eso, objeto de deseo de coleccionistas, un regalo perfecto para gente con buen paladar, verduras buenísimas listas para comer, guisos artesanos metidos en tarros, las reinas del aperitivo y mucho más. Así que he preguntado a compañeros y expertos gastronómicos y como resultado está esta lista de locales que han llevado la lata a su mejor versión.