Aunque la calma de las Bolsas pueda llevar a engaño, Estados Unidos ha vivido una de las semanas más trascendentales para los mercados financieros desde la crisis bancaria de hace 15 años. La decisión del presidente Donald Trump de cesar a la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook (quien
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nal/2025-08-28/la-gobernadora-de-la-fed-lisa-cook-demanda-a-trump-por-intentar-destituirla.html" data-link-track-dtm="">demandó este jueves al presidente) puede poner fin a los 74 años de independencia del organismo y someter la política monetaria a los deseos de la Casa Blanca. Un cambio total del paradigma que ha regido la primera economía mundial desde hace décadas, con más ecos en mercados emergentes y líderes autoritarios que en economías desarrolladas y democracias liberales.
Antes de su batalla contra Cook, Trump ya intentó destituir al presidente de la Reserva, Jerome Powell, por resistirse a bajar los tipos de interés a su gusto. A principios de mes, despidió a la responsable de las estadísticas laborales por publicar unos datos de empleo que no le gustaron. Trump quiere dejar claro quién manda y considera que la más mínima voz incómoda es disidencia.
Los siete meses desde que tomó posesión han servido para enterrar la larga tradición republicana a favor del libre mercado y de un papel reducido del Estado en la economía. Ese liberalismo económico que el mundo daba por supuesto ha dejado paso a un intento de control sectario de la Casa Blanca sobre las instituciones y una intervención de la Administración en empresas privadas, algo inédito en la política estadounidense. Si bien EE UU siempre ha intervenido para apoyar sus intereses estratégicos mediante préstamos públicos, desgravaciones fiscales e inversiones, ha sido por motivos excepcionales (como la II Guerra Mundial o la pandemia de la covid-19) y de forma temporal.















