La cita es a las ocho de la mañana del miércoles, a las afueras del Centro de Procesamiento de Servicios de El Paso, Texas. La familia, los amigos y los grupos de ayuda pidieron que asista la prensa, que lleguen los activistas, que no falten los líderes comunitarios y quienes quieran sumarse. La idea es que el lugar se llene de pancartas con el rostro de una joven indígena, a veces con sombrero texano, a veces rodeada de flores, otras cosechando la tierra, otras cargando una cesta en medio de un surco de algún campo de los sures de Florida. La esperanza también es que se libere de una vez a Catalina “Xóchitl” Santiago, la mexicana, la zapoteca, la hija de campesinos, la beneficiaria del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), la dreamer que nunca debió ser detenida a inicios de agosto, cuando iba a abordar un vuelo doméstico hacia Houston.
Afuera, el centro de detención es un avispero. Adentro, la audiencia en la que un juez decide el futuro de Xóchitl. Un futuro que lleva en pausa 25 días, desde que el 3 de agosto dos agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieran a la joven de 28 años en el Aeropuerto Internacional de El Paso, mientras se dirigía a una conferencia como parte de su trabajo en la organización sin fines de lucro La mujer obrera. Eran casi las cinco de la madrugada cuando los agentes le pidieron que los acompañara.






