La persecución de Trump genera un flujo masivo de retorno hacia América Latina impulsado por el temor a las redadas masivas

Laime Arold, haitiano de 26 años, compra barras energéticas en una pequeña tienda a la orilla de la carretera Panamericana, en el sur de Chiapas, en México. José Adán, hondureño, reza en voz alta en un parque de Tapachula: le pide a Dios que lo libre de los secuestradores y de la policía en el camino. Gerardo Aguilar, venezolano, viaja a 90 kilómetros por hora, acostado sobre dos asientos en un autobús con rumbo a Guatemala, mientras habla por teléfono con la mujer que dejó en Caracas....

Los tres tienen algo en común: están en México y son migrantes. Ninguno de los tres va hacia el norte. Van hacia el sur. No buscan cruzar el río Bravo, sino alejarse de él. Son migrantes que huyen de la tierra que un día soñaron y que luego los expulsó.

En el último año, el primero del segundo mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump miles de migrantes (al menos 14.000 hasta septiembre) han emprendido un camino a la inversa, empujados por las políticas de terror y la persecución de los agentes migratorios. Entre octubre de 2025 y enero de 2026, este periódico conversó con migrantes que realizaban esa travesía al revés. La migración hacia el sur no es un fenómeno inédito, pero sí uno que se ha hecho más notorio bajo el Gobierno xenófobo de Trump.