En la capilla de La 72, Hogar-Refugio para Personas Migrantes ya no se ven colchonetas apretadas ni niños corriendo entre ellas. Donde en 2024 dormían a diario medio millar de personas migrantes, hoy apenas llegan unas 70. El refugio franciscano de Tenosique, Tabasco, en el sureste mexicano y en la frontera con Guatemala, ha dejado de ser un hervidero. Pero no solo han cambiado las cifras: desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca también lo ha hecho, de manera radical, el perfil de quienes se atreven a migrar y buscar asilo.
“Es como si hubiéramos retrocedido 20 años”, dice Fray Ricardo Alberto Roque, hasta hace poco director de La 72. Tras la pandemia de covid-19 comenzaron a venir familias enteras con niños, niñas, personas mayores, e incluso migrantes con discapacidad”. Ahora la escena es otra: “La mayoría de los que llegan son hombres solos, porque las familias no se atreven a arriesgarse o a ser deportadas”, resume el religioso.
Las cifras confirman este giro. El flujo migratorio en la frontera con EE UU se desplomó un 91%, según la Secretaría de Relaciones Exteriores de México el 22 de agosto. Y quienes se arriesgan ―y luego quedan en situación irregular en México― proceden sobre todo de Venezuela, Colombia, Ecuador, El Salvador y Honduras, de acuerdo con el informe Estadísticas migratorias: síntesis 2025, elaborado por la Secretaría del Gobierno.






