Las políticas antimigración del Gobierno estadounidense han tenido un efecto disuasorio en las personas que aspiraban a cruzar hacia el norte. Las organizaciones de acogida en lugares como Tijuana sufren también la disminución abrupta de los fondos de cooperación que ponen en peligro su supervivencia

Para llegar al albergue Movimiento Juventud 2000 hay que atravesar las calles de la Zona Norte de Tijuana y bajar por el área donde se ofrecen drogas y servicios y espectáculos sexuales. El centro de acogida, situado a solo unos centenares de metros del muro que separa México de Estados Unidos, tiene capacidad para unas 170 personas, pero en estos días, cuando se acaba de cumplir un año de la segunda presidencia de Donald Trump, apenas hay 15.

José María García Lara, director del centro, recuerda que en algunos tiempos, este lugar llegó a acoger a más de 300 personas y el espacio estaba a rebosar de tiendas de campaña y hasta colchonetas. “Llenábamos la cocina, la ludoteca, la despensa...”, recuerda el responsable, con los codos apoyados sobre la mesa acristalada de su despacho.

Karen, que por motivos de seguridad prefiere no dar su apellido, su hijo y su marido llegaron a Tijuana “con la idea de cruzar” a Estados Unidos, pero mientras esperaban acabaron instalándose en la ciudad. Les echaron del lugar que alquilaban y, al verse en la calle, acudieron a Juventud 2000. “Estamos aquí para volver a estabilizarnos, encontrar un trabajo, un lugar para poder rentar”, asegura, mientras carga a su bebé en brazos para llevarlo a la zona de duchas y bañarlo.