El tribunal de Manhattan, donde más de un millar de personas y recientemente familias han sido arrestadas cuando acudían a citas rutinarias, es el epicentro de la ofensiva migratoria de Trump
El llanto de la mujer retumba por el pasillo quebrando el silencio habitual de un tribunal. Al de ella se une el de su niña de cuatro años, que en los brazos del padre comienza a llorar mientras la familia es rodeada por media docena de agentes enmascarados. Los únicos otros sonidos que se pueden distinguir son los susurros de los voluntarios, que intentan rápidamente identificar a la familia a punto de ser detenida, y las cámaras de los periodistas que presencian el momento. Es imposible oír lo que los funcionarios de inmigración dicen a la pareja venezolana, pues está acorralada en una esquina. En cuestión de segundos, la familia es escoltada hacia unas escaleras y, durante horas, permanecerá “desaparecida” en algún rincón del número 26 de Federal Plaza de la ciudad de Nueva York: el infierno migrante de Donald Trump.
Este edificio federal de 41 plantas, llamado oficialmente Jacob K. Javits pero reconocido solo por su dirección, se ha convertido en los últimos meses en el epicentro de la ofensiva migratoria del Gobierno de Trump en la ciudad más poblada del país, donde viven 8,5 millones de personas y 3 millones son migrantes. El rascacielos del Bajo Manhattan alberga tanto las principales oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en la ciudad, en el quinto y noveno piso, como varios tribunales de inmigración repartidos entre el duodécimo y decimocuarto. Cada semana, cientos de migrantes, la mayoría de ellos peticionarios de asilo, llegan aquí para citas o audiencias que hasta hace poco eran rutinarias, pero que ahora se han vuelto una emboscada.






