Un bombardeo mortal contra un hospital demanda la presencia inmediata de los encargados de curar las heridas y de rescatar a las víctimas atrapadas bajo los escombros. Llegan, también, los periodistas, cuya tarea es contar al mundo lo que sucede en medio de las guerras. Si bien ejercer estas labores es siempre un riesgo en ambientes hostiles, estos profesionales actúan con la tranquilidad de que, al menos en teoría, sus actividades están resguardadas por las reglas del derecho internacional humanitario ―normas que protegen a quienes no participan de los conflictos armados―. Sin embargo, no es extraño que un segundo bombardeo, en el mismo lugar y algunos minutos después del primero, termine con sus vidas. Una especie de castigo por el cumplimiento de su deber humanitario.
Este lunes, el ejército israelí ha llevado a cabo —y ha reconocido públicamente— un ataque de este tipo en el marco de su ofensiva en Gaza. La acción, conocida en inglés como double-tap strike o “doble impacto”, tuvo lugar en el hospital Nasser, situado en la ciudad gazatí de Jan Yunis, la segunda ciudad en población del enclave. Primero, un dron kamikaze impactó en la terraza de uno de los edificios del complejo hospitalario, causando la muerte de dos periodistas, según informes preliminares. Minutos después, mientras equipos de rescate y otros periodistas acudían al lugar, Israel lanzó un misil que los alcanzó directamente. Todo ocurrió mientras el canal catarí Al Jazeera transmitía en vivo, informando sobre las consecuencias del primer ataque.













