El impacto este jueves de un proyectil en uno de los edificios del Hospital Soroka (Beersheba), uno de los más importantes del sur de Israel, podría haber causado una tragedia. Los daños son cuantiosos, pero nadie murió. Las víctimas ascienden a unos 40 heridos de poca consideración, la mayoría empleados. Las autoridades israelíes habían previsto que estas instalaciones podrían ser objetivo de un ataque en medio de la actual escalada entre Israel e Irán y habían tomado la precaución de desplazar a pacientes.
En torno a las siete de la mañana saltaron las alarmas y minutos después empezó a llegar la oleada de proyectiles. “Yo estaba a 20 metros de aquí, en el subsuelo, y sentimos una explosión muy fuerte, pero no pasé miedo”, explica rodeado de escombros Adrián Kenigson, de 57 años, carpintero del centro sanitario.
Ocho horas después, todavía se desprenden chapas y marcos de ventana que permanecen colgando y cuya estabilidad es rematada por el leve viento que sopla. La última planta del edificio afectado se vino abajo sobre la inferior y amenaza con seguir derrumbándose. Se trata de un ala donde, además de comedor a nivel de calle, se llevaban a cabo algunas cirugías y se atendía a pacientes pediátricos o de oftalmología. Pero había sido evacuado.














