Cuando Nader al Farrani sostiene la mano flácida de su sobrino Azeddine, de 17 años, no solo reza por un milagro. También teme el próximo movimiento del ejército israelí. Azeddine está en coma desde que un misil impactó en una tienda de campaña cerca del refugio de su familia, desplazada en la zona de Al Mawasi durante el Eid el Adha o fiesta del cordero, a principios de este mes. Es uno de los muchos pacientes que luchan por su vida en el Complejo Médico Nasser, el hospital más grande que sigue en funcionamiento en el sur de Gaza y que ahora se encuentra al borde del cierre.

“No podemos pensar en trasladarlo. Está conectado a un respirador artificial. Si nos obligan a salir, es una sentencia de muerte”, sostiene Al Farrani, cuya familia tuvo que desplazarse de Rafah, al sur de la Franja, a principios de mayo.

El hospital Nasser, situado en la ciudad de Jan Yunis, se ha convertido en el último con un servicio de cuidados intensivos (UCI) que presta servicios en la parte sur de la Franja tras el colapso de los servicios médicos en Rafah y los repetidos ataques contra las instalaciones sanitarias en todo el territorio.

Pero este centro médico está rodeado ahora de las llamadas “zonas rojas”, es decir, las áreas en las que Israel ordena a todos los habitantes que se marchen porque van a realizar operaciones militares de envergadura. El personal médico, las organizaciones humanitarias y las familias de los pacientes advierten de que estas órdenes de evacuación y los cierres de carreteras, cada vez más frecuentes, están aislando al hospital de la población a la que debe atender.