El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, aprovechó ayer su discurso anual en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole para ofrecer el mensaje que deseaban escuchar los inversores: dejar la puerta abierta a una próxima rebaja de los tipos de interés, lo que abarataría las hipotecas y los costes de financiación en la primera economía del mundo. Powell apeló a una desaceleración inusual tanto de la oferta como de la demanda de mano de obra, bases de la recuperación de EE UU y la justificación para un recorte de tipos. Advirtió, sin embargo, que la inflación todavía se mantiene por encima del objetivo del 2% y sigue siendo una amenaza para la economía. Las Bolsas reaccionaron con subidas, anticipando un recorte de 25 puntos básicos en septiembre. Ahora están en una banda del 4,25% al 4,5%.
En su último discurso como presidente de la Fed en esa especie de Davos de banqueros centrales que es Jackson Hole, Powell no eludió la polémica en torno a la tormenta política en la que se ha visto inmerso. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto a Powell en el punto de mira por no bajar los tipos tanto como él quisiera y ha llegado a barajar incluso despedirle antes del fin de su mandato al frente de la Fed, en mayo de 2026. Después de meses de presiones políticas sin precedentes, en medio de un escenario geoeconómico complicado por la política arancelaria y de datos contradictorios de la economía, Powell insistió ayer en anclar las decisiones de la entidad en los datos –“nunca nos saldremos de ese enfoque”—, un mensaje tan elegante como firme contra la intrusión política.













